Gorriarán pide cambiar el cálculo de los conciertos vasco y navarro para que sean equitativos, justos y transparentes.
Rajoy justifica sus mentiras ante Rosa Díez y sugiere que no tiene por qué dimitir.
2013
Quien ha ignorado y encubierto la corrupción no puede combatirla.
Primero negaron que la corrupción fuera un problema. Luego acusaron de
populismo a quien pedía luchar contra ella. Después les estalló el caso
Bárcenas con sus papeles y sus cuentas en Suiza. A continuación mintieron descaradamente sobre
su responsabilidad y sobre la situación laboral del extesorero. Lo
siguiente fue negarse a dar cualquier tipo de explicación y acusar de
complicidad con Bárcenas a quien exigía aclaraciones. Presionados por
una moción de censura, el presidente tuvo que comparecer. Lo hizo para
guardar silencio y para mentir. Y aun así, ayer el PP se permitió tumbar
una proposición de ley de UPyD sobre transparencia y corrupción porque el Gobierno ya está en ello.
Viendo
esta secuencia de los hechos cualquiera supondría que el Partido
Popular está avergonzado de su proceder. Negaron el problema, atacaron a
quien lo denunciaba, les pillaron mintiendo, un juez está abriendo su
contabilidad en canal... Todo da lo mismo. Fueron capaces de indignarse
porque se exigiera la comparecencia de Mariano Rajoy y,
cuando éste la anunció, cantar sus alabanzas. Sin la más mínima
credibilidad y después de haber mentido todo lo que se podía y más, aun
exigen a UPyD que retire su ley y que espere a la que va a presentar el
Gobierno. El PP no se da cuenta de que ya no le cree ni los que le siguen votando. Nadie confía en su palabra.
El diputado de UPyD Carlos Martínez Gorriarán explicó en el Congreso los graves efectos de la corrupción y los motivos por los que "ser corrupto en España es muy fácil". No es un diagnóstico nuevo, sino el que su partido lleva haciendo desde que se fundó. La lucha contra la corrupción
exige reformar las leyes, y no apelaciones a la honestidad personal.
Gorriarán afirmó que se ha intentado "sacar la corrupción del debate
público". Desde luego, tal cosa es ya imposible, y principalmente
gracias al partido que más interesado estaba en el silencio. La
corrupción del PP y su elusión de cualquier responsabilidad han
contribuido decisivamente a que el Gobierno se vea obligado a hacer
algo.
¿Qué cabe esperar del proyecto del Ejecutivo? Nada. No
merece la más mínima confianza en este asunto. Dirigido por un
presidente que ha mentido descaradamente y que, según ha afirmado en
respuesta a Rosa Díez, no cree tener motivos para dimitir, el Gobierno ha ignorado olímpicamente los mandatos del Congreso para luchar contra la corrupción. Se ha negado a mover un dedo hasta que la presión se ha hecho irresistible.
Y sus antecedentes con la Ley de Transparencia no dejan otra
alternativa que esperar un texto puramente cosmético, un apaño para que
parezca que se hace algo. Por supuesto, tiene la posibilidad de
contradecir estas expectativas con sus hechos. Pero es el tipo de
oportunidad que suele dejar pasar. Si Rajoy sigue siendo previsible -
como a él le gustaba definirse - lo es en la medida en que es incapaz de
llevar a cabo ninguna reforma en profundidad.
"Mi prioridad es
la economía", dice siempre el presidente. Si esto fuera cierto, motivo
de más para preocuparse por la corrupción. Como destacó ayer mismo
Gorriarán, existe una relación entre corrupción y crisis económica. O el presidente no se ha enterado o también miente en sus prioridades.

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