Miénteme, por Rosa Díez.
El Tribunal Constitucional ha rematado la jugada iniciada con la legalización de Bildu y ha revocado la sentencia del Tribunal Supremo que dio por probado que Sortu es un partido político creado por ETA y al servicio de su estrategia.
Cuando ETA quiso entrar en las instituciones con el nombre de Sortu, el
Tribunal Supremo recabó -y obtuvo- pruebas de su vinculación con la banda
terrorista. En consecuencia, en aplicación de la Ley de Partidos y
coherentemente con la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo,
sentenció que ese partido no podía concurrir a un proceso electoral que les
posibilitara entrar en las instituciones democráticas. El Tribunal Supremo no
olvidó a la hora de emitir su sentencia que dicha Ley tiene como objetivo evitar
que los enemigos de la democracia puedan demolerla desde dentro de sus
instituciones representativas; por eso decidió aplicarla en su texto y en su
espíritu. Tampoco olvidó el Supremo que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos
estableció que lo que digan los Estatutos de un partido no es prueba suficiente
para legalizarlo y , en coherencia, rechazó su inscripción en el Registro de
Partidos Políticos.
Al no consumarse el intento de engaño – los Jueces del Supremo supieron ver
la mona debajo de la seda- ETA tuvo que ponerse otro disfraz y se inventaron lo
de Bildu, esa marca blanca que aderezaron con personajes provenientes de
partidos legales, véase IU o EA.
También en este caso el Supremo recabó y encontró pruebas que vinculaban la
nueva marca a la vieja estrategia de ETA e impidió que tuviera éxito la
pretensión de Bildu de confundirse con los demócratas. Pero entonces entró en
juego el Tribunal Constitucional, y sus magistrados revisaron la sentencia de
los jueces y permitieron que los testaferros de ETA se sentaran en las
instituciones al lado de sus víctimas.
Pero ETA no da nunca una batalla por perdida; ellos se limitan a aplicar en
cada momento la táctica más adecuada para conseguir su objetivo estratégico, así
que pidieron amparo al Constitucional para que la victoria fuera completa. Como
son insaciables – es lo que dicen que les pasa a los animales que prueban la
sangre- no les resultaba suficiente que el TC hubiera permitido que entraran en
las instituciones con el envase blanco del producto; querían recuperar la marca
auténtica y pensaban – diríase que sabían- que la exigencia democrática estaba
de rebajas en el Tribunal Constitucional. Y a la vista está que no se
equivocaron: en este caso el TC, parafraseando a Coleridge, ha suspendido de
forma voluntaria la incredulidad y ha elegido la versión frente a los hechos.
Miénteme, les han dicho los magistrados del TC a los testaferros. Miénteme,
para que te deje compartir mi casa. Miénteme, dime que no volverás a matar.
Miénteme, dime que me quieres… Como era de esperar, quienes nunca tuvieron
problema alguno para despreciar la vida de sus conciudadanos no han tenido
ninguna dificultad para mentir; y los magistrados del TC han pillado al vuelo la
coartada que necesitaban para permitir que la serpiente pudiera anidar entre sus
víctimas.
¿Hay engaño? No, hay comunidad de intereses. Pero lo más dramático es que,
tal y como señaló la sentencia del Supremo, esta decisión tendrá consecuencias
peligrosas para la democracia. Aunque no las tenga para esos cinco magistrados
que teniendo el deber de defenderla han preferido mancharse la toga con el polvo
del camino.
Rosa Díez.
Diputada Nacional y Portavoz de Unión Progreso y Democracia.
Diputada Nacional y Portavoz de Unión Progreso y Democracia.
¿Actuará el gobierno para sacar a ETA de las instituciones o volverá a fingir impotencia?
El Gobierno, a través del Ministro
de Justicia Alberto
Ruiz Gallardón,
manifestó el miércoles su discrepancia
sobre el fallo del Tribunal Constitucional
que legaliza a la formación proetarra Sortu. También ha manifestado la voluntad
del Ejecutivo de vigilar a la coalición para evitar que se produzca un fraude de
ley. Son unas declaraciones vacías
e hipócritas.
Vacías porque en realidad no dicen nada. La discrepancia con la sentencia no
conduce al Gobierno a ninguna conclusión. Podrían, por ejemplo, proponer un
cambio
en la Ley de Partidos, como propuso
Rosa Díez,
portavoz y diputada de Unión
Progreso y Democracia.
Vacías también porque vigilar el cumplimiento de las leyes es, precisamente, la
tarea principal de cualquier gobierno. E hipócritas porque cuando este último
partido propuso una moción para que el Gobierno instara la ilegalización de
Bildu y Amaiur (a la luz del comportamiento de estos dos partidos en las
instituciones en las que estaban presentes), el PP arremetió contra Díez y su
partido con
una brutalidad que jamás han empleado contra nadie más.
A la vista de que el Gobierno no
estaba cumpliendo con su obligación de vigilar que Bildu y Amaiur cumplieran con
la legalidad, UPyD presentó una moción que recogía indicios que permitirían
actuar contra ambas formaciones. La campaña que entonces emprendió el Partido
Popular, personalizada en la figura de Díez, descendió a niveles
abyectos.
Poco después, el Gobierno ponía en marcha un plan
de reinserción para terroristas que
trató de vender como una fórmula para desunir a ETA, cuando en realidad
constituye un trato
preferente.
Y hace apenas unos días se supo que dos jefes etarras se reunieron en Oslo con
el prófugo Josu Ternera sin
que el Gobierno pidiera su detención,
a pesar de que todo apunta a que lo sabía.
En realidad, la estrategia que siguen el Gobierno y el PP en las cuestiones relacionadas con ETA es la misma que sigue con la crisis y las medidas que toma o deja de tomar: fingir impotencia. En respuesta a la moción de UPyD, el PP dijo que no se podía hacer nada para ilegalizar Bildu y Amaiur. Ahora dice que discrepa del TC, pero no propone nada. Los recortes y las subidas de impuestos son cosas que no tienen más remedio que hacer. Si hay algo más peligroso que un gobierno que cree poderlo todo es un gobierno que dice que no puede hacer nada. En el fondo, se trata de una forma sutil de autoritarismo: “la realidad nos impone lo que debemos hacer”. Por supuesto, la realidad es la que el Gobierno diga, y cualquier discrepancia (“dígalo conmigo: res-ca-te”) sólo merece desprecio o descalificación. Así, es natural que el presidente evite el control parlamentario en lo posible y suprima el Debate sobre el Estado de la Nación.
En realidad, la estrategia que siguen el Gobierno y el PP en las cuestiones relacionadas con ETA es la misma que sigue con la crisis y las medidas que toma o deja de tomar: fingir impotencia. En respuesta a la moción de UPyD, el PP dijo que no se podía hacer nada para ilegalizar Bildu y Amaiur. Ahora dice que discrepa del TC, pero no propone nada. Los recortes y las subidas de impuestos son cosas que no tienen más remedio que hacer. Si hay algo más peligroso que un gobierno que cree poderlo todo es un gobierno que dice que no puede hacer nada. En el fondo, se trata de una forma sutil de autoritarismo: “la realidad nos impone lo que debemos hacer”. Por supuesto, la realidad es la que el Gobierno diga, y cualquier discrepancia (“dígalo conmigo: res-ca-te”) sólo merece desprecio o descalificación. Así, es natural que el presidente evite el control parlamentario en lo posible y suprima el Debate sobre el Estado de la Nación.

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